Pulpo: ¿Es ética la acuicultura de este cefalópodo?

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Pulpo: ¿Es ética la acuicultura de este cefalópodo?

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Un artículo de la prestigiosa revista National Geographic de febrero del 2020 encendió muchas alarmas en cuanto a los avances del cultivo de pulpo en cautiverio.

Las investigaciones elaboradas por muchos ambientalistas, comenzando por la profesora Jennifer Jacquet, de la Universidad de New York, junto con otros colegas, publicó “The Case Against Aquaculture” en las cuales cuestionan las practicas relacionadas con los cultivos masivos de animales por modificar sus condiciones naturales, ambientales y ecológicas, lo que hace que nos cuestionemos los aspectos éticos de esta actividad.

Para los ambientalistas este es un producto innecesario para la seguridad alimentaria, y lo único que provocaría es que los consumidores con altos ingresos económicos paguen más por pulpos provenientes de las capturas salvajes.

La verdad es que las 420 mil toneladas capturadas de pulpo (estimación de la FAO para el 2019), concentradas en su gran mayoría en la especie Octopus Vulgaris, parecen no ser suficientes para la voracidad del mercado impulsado especialmente por la demanda en Japón, Corea del Sur, España, Portugal, Italia, China, y últimamente, por los Estados Unidos.

Hoy en día la pesca de esta especie es totalmente artesanal, genera muchísimos puestos de trabajo en vista de que las capturas se dan en países en desarrollo, empleando pequeñas embarcaciones y por mecanismos tradicionales.
Los países que concentran esta pesca comercial de grandes volúmenes (Mauritania, Marruecos y Senegal) han adoptado mecanismos de protección (veda) para proteger la especie y garantizar que la pesca obtenga tamaños que permitan la reproducción constante de la especie.

Por otra parte, los defensores de la acuicultura tienen argumentos sólidos para promocionar las investigaciones que apoyen la posibilidad de comercialmente explotar el cultivo de pulpos. Entre esos argumentos está la sostenibilidad de la especie para satisfacer la creciente demanda. Los pulpos tienen una vida muy corta (dos años) y la práctica indiscriminada puede alterar el ambiente marino que sustenta la reproducción de la especie.

Para ellos, no es aceptable el argumento acerca de la “inteligencia” del pulpo, en vista que está demostrado que otras especies, como los cerdos y caballos, son criados para su consumo cuando su “inteligencia” es, sin duda, superior a la de estos cefalópodos.

Por otra parte, el cultivo del pulpo evitaría la práctica del canibalismo y se podría salvar la vida de la hembra, ofreciéndole la oportunidad de reproducirse por segunda vez como es el caso de los calamares y las sepias que tienen más de un ciclo reproductivo.

Por último, el cultivo en cautiverio de esta especie permitirá aprender mucho de este extraño animal que seguramente contribuirá con investigaciones para producción de antibióticos (cobertura mucosa protectora), la regeneración de tejidos, y hasta para la robótica (elasticidad, sistemas de sujeción y navegación).